martes, 30 de noviembre de 2010

SABER SENTIR


Todo se había dispuesto vía mail. Aquella noche debía ser la primera de otras muchas, asidos por el amor de dos teclados lejanos, que casi siempre pulsación tras pulsación, ritmaban el tic tac más sonoro y distante.
Al anochecer se encontraron en el aeropuerto, su avión llegó con retraso, pero no sirvió de nada para entorpecer el momento. Sincero y sibilino, él sintió que sentía mientras se decían:

Seseo socavándote…
Sonrío…
Sueno sin sabor
Silabeando su susurro.
Sueño,
Sin saberlo
Sin sentido,
Sesgar su suave sur.

Sientes?

Siento,
Sé saber sentir.

Supongo sabes ser?

Sí… Sé.

Siéntate!

Sola?

Sola,

Sólo sé sentir si sigo …

Sientes?

Siento..!

Sí…, sé.

Fliandón 3.0

http://filandon30.blogspot.com/

domingo, 28 de noviembre de 2010

REGRESO




Cuando regresó a casa, después de muchos años con destino forzoso en la casa de otros, se dio cuenta de que el reloj no se había parado para ellos ese día de octubre, de frío y castañas. Sintió que el calor de la cocina de la abuela no calentaba igual que cuando ella estaba. Que aun le quedaba algún amigo porque la muerte no había sesgado su vida. Que se había acostumbrado a ir y venir, pero nunca a estar. Que después de todo, fue un mercenario más exiliado por dinero, y que al final, tras estudiar y formarse hasta hacerse un funcionario en un país que se desgaja, tuvo que aguantar el dedo acusador que le apuntaba como “CULPABLE” de la crisis económica.
Cuando regresó a casa, esperó su último día con la mirada del guerrero templario, no hubo medallas, aplausos, ni agitado recibimiento, pero sonrió alegre porque su indulgencia plenaria había sido concedida.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Ana María Matute. En su propia voz





El niño al que se le murió el amigo
Ana María Matute


Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre:
-El amigo se murió.
-Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar.
El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. «Él volverá», pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hojalata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar.
-Entra, niño, que llega el frío -dijo la madre.
Pero, en lugar de entrar, el niño se levantó del quicio y se fue en busca del amigo, con las canicas, el camión, la pistola de hojalata y el reloj que no andaba. Al llegar a la cerca, la voz del amigo no le llamó, ni le oyó en el árbol, ni en el pozo. Pasó buscándole toda la noche. Y fue una larga noche casi blanca, que le llenó de polvo el traje y los zapatos. Cuando llegó el sol, el niño, que tenía sueño y sed, estiró los brazos y pensó: «Qué tontos y pequeños son esos juguetes. Y ese reloj que no anda, no sirve para nada». Lo tiró todo al pozo, y volvió a la casa, con mucha hambre. La madre le abrió la puerta, y dijo: «Cuánto ha crecido este niño, Dios mío, cuánto ha crecido». Y le compró un traje de hombre, porque el que llevaba le venía muy corto.

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sábado, 20 de noviembre de 2010

OJOS


Le arranqué los ojos con mis manos. Mientras en sus cuencas, húmedas, calientes, aun quedaban restos de su sangre. Por fin pude descansar de sus miradas, aunque ahora me ahogo en desaliento. Pero no es sólo dolor lo que yo tengo por se huérfano de búho vigía. Se los quité porque estoy ciego de amor. Ahora, mira...

“Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos, que son dos hormigueros solitarios.”(Fragmento de Miguel Hernández)

domingo, 14 de noviembre de 2010

N E X U S





Soy ese hueco de un ladrillo que se ha perdido en la pared lindera. Hay un bonito jardín donde juegan , gritan y saltan cuatro niños. A veces son cinco, y con el perro, seis. Cuando estan cansados se tumban sobre el césped. De tanto ignorarlos he borrado sus juegos. Hay programas donde se me ve en una cámara lentísima saltando encapsulado.

Son mínimas las veces que alguno de los chicos puede atrapar. En verdad, el perro es el dueño de la pelota. Hasta que se cansa y la destroza con todas sus ganas. Esos dias imagino que soy yo quien le está hincando los colmillos al balón , sacando menudos trozos cada vez mas pequeños. Es la gloria.
Cuando ellos finalmente desaparecen de todas las versiones del jardín exhaustos y felices, tambien giro dichoso. Siento que he jugado con ellos.

Por la tarde la estrategia es diferente. Los niños se lanzan un objeto de forma extraña unos a otros y aunque el perro se esfuerza no lo puede capturar. Cansado, se deja caer sobre la hierba y hunde el hocico entre sus propias patas.Algo me mueve la melancolía.

De este lado de la cerca hay un profesor virtual de Matemáticas. Cada mañana cuando despierta, tose y carraspea fuerte . El programa dura diez minutos. Se le han carcomido algunos fractales que consiguió en Egipto y el ojo se distrae esperando una salida de emergencia en esas zonas . El hombre abandona el lecho tambaleándose y apoyándose en las paredes . Cuando él ingresa al cuarto de baño, los artefactos se sacuden , tiemblan afiebrados, largan sus aguas violentamente a las cañerías . Pareciera que la misma casa caerá bañada en sus propios espantos y teoremas. Luego grita mi nombre para que yo despierte. Ignora que ya he despertado , que ya he tosido y retado al vecindario con mis carrasperas y arrastrado mi torpe humanidad por los arabescos del pasillo. “Puta marihuana te volverá loco antes de tiempo “ decía la vieja . Ya entonces íbamos cúbicos. Poliédricos. Tan insanos que en las noches estrelladas nos proyectábamos desde el firmamento como bólidos hacia la materia oscura. Y lo peor no era no poder regresar a la Tierra, sino permanecer un millón de años suspendidos sobre el patio sin siquiera tragar una bocanada de aire.
Algunas mañanas cuando el viento sopla del este, Nexus necesita aspirar mis confusiones. Va zigzagueando hastra el hueco del ladrillo y me sermonea como la primera vez. Con ese cariño tan de perro . Pleno de fidelidades.


Beatriz Basenji

domingo, 7 de noviembre de 2010

AHORA



AHORA.



Ahora cuando despierte


¿Qué veré?


Ahora cuando me mueva


¿Estará ahí?


Ahora cuando intente mover mi cuerpo


¿Podré hacerlo?


Ahora que estoy en lo más profundo de este agujero


¿Podré salir de el?


Ahora que estoy viva


¿Podré seguir viviendo?


O, quizás esté muerta.



Charo Acera.


El regalo del ángel




Y el ángel, se posó en la iglesia. Eligió ese edificio porque era el más alto y desde allí, tenía mejor vista, no porque fuera una iglesia. El no sabía nada de dioses ni de edificios dedicados a los dioses. Le gustaban los lugares altos, eso sí, porque podía ver varias cuadras a la redonda, podía ver a la gente y podía, cada tanto, abrir enormes sus alas y ver las reacciones de quienes lo veían.
El los veía a todos, pero nadie lo miraba a él. La mayoría de la gente caminaba cabizbaja y de mal humor, pensando en sus problemas y en que todos los días debían recorrer el mismo camino aburrido. Muy pocos miraban las plazas, a la gente que cruzaban, y al gatito en la ventana. Ellos fueron los que detuvieron sus pasos, preguntándose que era eso de pie en el borde del campanario. Recién entonces, cuando el ángel abrió sus enormes alas, todos, inclusive los que no miraban nada, alzaron la vista y boquiabiertos notaron al extraño ser que aleteaba sobre ellos. Y como un regalo del ángel, él único que jamás les daría y el mas valioso, vieron la belleza del cielo y del campanario y supieron que de haber mirado antes, lo hubieran visto sin necesidad de confusos milagros y que la misma belleza la encontrarían en cualquier esquina, de atreverse a observarla.

sábado, 6 de noviembre de 2010

RAZONES.





RAZONES.







Cuando empecé a pintar este cuadro, sentía una enorme opresión en mí, di un repaso a mi vida, a mi educación y poco a poco fui reflejando en él, como me sentía y las cosas que estaban provocando ese estado. “El Paraguas Rojo”, fue un símbolo, una metafora para expresar la gran carga, llevada con tiento y equilibrio; esa que nos van imponiendo desde pequeña, se buena, honrada, responsable, buena madre, buena esposa, callada y HUMILDE; más las que te impones tu, MUJER, capaz de todo, trabajadora en casa, organizada, limpia, la mejor madre, la mejor esposa, aunque se te atraganten; la mejor profesional, aunque revientes de puro cansancio; la mejor amiga,… Por eso el paraguas llega al suelo, es tan grande que tiene que sujétalo con las dos manos.




Tus hijos se hacen grandes, van a su bola y a sus intereses, lo normal y para ellos eres su madre, pero no te ven. Para tu marido eres la esposa, la de siempre, y deja de verte. Y tú, estás tan dedicada a todo, para llegar a final de mes, para que no les falte de nada a los niños y a él, que empiezas a sentirte invisible.




Y para colmo de males, como en el camino has perdido la autoestima y la personalidad, aparece EL OLVIDO, ni siquiera sabes lo que te gusta y solo sabes caminar dando un pasito detrás de otro sin salirte de la línea marcada, haciendo equilibrios para que nada se altere.




Mis mujeres de Paraguas Rojo, todas tienen un problema para resolver que es: mirarse a sí mismas y descubrirse poco a poco, para volver a encontrarse.




A veces es muy difícil, porque nadie quiere perder en este empeño ninguna posición ganada y ELLA se encuentra con la realidad y es tan dura como una gran bofetada, la desorientación es tremendamente poderosa y la caída al más profundo abismo; pero, os puedo asegurar: qué se sale, porque existe en lo más profundo de tu ser un “Yo” con esperanza, y hay algo que te dice que está aquí por alguna razón y cuando te despiertas , es el momento de empezar a caminar y encontrarse , encontrar esa maravillosa razón de vivir , ser tu misma.







Charo Acera.




jueves, 4 de noviembre de 2010

Las cuentas del lobo.


                            Sobre un Cuento Tradicional Leonés. Recogido por Julio Camarena. Villalibre de Somoza.

El lobo fue a confesarse y el señor cura le dijo:
- ¡Pero hombre! ¿Cómo hace usted tanto daño?
- Comer por hambre no es pecao y Dios lo comprende.
- Ya, ya, pero de todos modos comes de más. En penitencia has de ponerte a régimen. Sólo puedes comer una libra o a lo sumo libra y media de carne.
Nada más salió de nuevo al monte cuando se encontró con una burra y su burrín. Lo cual le dio gran alegría:
- ¡UuuuuuYyyyyy! Justo, justico...
¡Una libra la burra
y media el borrico!

miércoles, 3 de noviembre de 2010

LA SALIDA


No fue fácil.
Mao Tse Tung tuvo que salir de los Infiernos por mediación de un verdugo francés que llevaba muchos siglos congraciándose con el maligno, a causa de que en reiteradas ocasiones dejaba ganar al dueño de casa partidas de ajedrez.
Cuando traspuso la gatera infernal, se lo vio a Mao muy alto y de porte inusitadamente atlético, totalmente recuperado de las dolencias y la edad senil que lo habían llevado al óbito.
Ansioso por volver a admirarse de sus logros políticos y personales, llegó a caer en Tientsin, sin haber procedido a despedirse ni de sus camaradas de horno y con paso vivaz y sin pérdida de tiempo, comenzó a recorrer las nuevas urbanizaciones que habían avanzado sobre los antiguos ejidos de la Ciudad portuaria.
Lo primero que advirtió fue que su retrato había desaparecido de las paredes y columnas de propaganda y las innumeras fotografías de Teng Hsiao Ping que habían reemplazado la suya gozaban del proceso alto relieve y technicolor y resplandecían aún bajo la lluvia.
Quedó estupefacto ante los puestos de venta de periódicos. Allí la gente se reunía sin apuro a leer con entusiasmo los titulares y a comentar jocosamente la nueva ley de matrimonio. El mismo, olvidándose que era un fantasma, tomó al azar algunos ejemplares.
Mientras daba una rápida lectura a las noticias internacionales, sintió que alguien lo tomaba del brazo con gesto afectuoso.
Miró a la izquierda y se encontró con un polaco de rostro simpático y ojitos vivaces e inquisidores -Rostik Kaneruk- que en los ratos de ocio zurcía las colas de los demonios con símiles de mono y en horas de labor trabajaba de espía del Maligno y gozaba de gran confianza entre los jerarcas del Comisariato. Más aún: Mao sabía de muy buenas fuentes, que el Secretario General de los infiernos lo tenia apuntado en la lista de los miembros destacados, por lo cual Mao al sentirse prendido del brazo por el polaco, cambió de humor.
-De servicio? -preguntó Mao en impecable estilo diplomático.
-Visita de turismo -respondió el otro.
El ex Premier sintió una especie de garfio hundiéndose en el interior de su codo.
" Turismo", pensó y de inmediato entró a sospechar algo gordo.
-El Vaticano, tal vez? -
Rostik guardó silencio y siguió apretando.
-Acabo de enterarme que hay un polaco en el sitial de Pedro, el Apóstol. Lo felicito - musitó Mao.
Rostik Kaneruk rió con una risita socarrona y llevándose las yemas de los dedos unidas hasta los labios, enviaba besitos al aire con gesto divertido.
Caminaron largo rato por las callejuelas cercanas al sector portuario, doblándose cada vez que pasaban debajo de las cornisas y las vetustas arcadas, a causa de la gran estatura de ambos, al punto que muy pronto semejaron un par de hoces transparentándose bajo la luz vacilante de los farolitos chinos.
Los olores de pescados fritos y salsas picantes los asaltaban a cada paso incitando los viejos apetitos. A punto estuvo el polaco de invitar a Mao a un bodegón semiclandestino frecuentado por marineros extranjeros y muchachas chinas, cuando recordó que la gentileza no era precisamente una cualidad de los demonios y que se le había encomendado participar a Mao las nuevas directivas.
-Mao - comenzó diciendo el espía del Infierno - el Jefe le ha tomado verdadera estima y desea que usted progrese en la Carrera.
-Honradísimo - murmuró el ex premier.
-Ud. sabe que en la Carrera los servicios son todos iguales. Ninguno goza de mayor o menor jerarquía.
"Me está dorando la píldora ", pensó Mao y quiso distraerse admirando una nave surta en el espigón más cercano.
- ¿Qué es esto?!! – comenzó a gritar Mao.
-Un barco -respondió el otro perplejo.
- Cochino barco norteamericano! -gritó Mao levantando el brazo derecho en actitud agresiva -Tenia que tomar el puerto de Tientsin para desagotar la sentina! Cerdos capitalistas! Hasta aquí nos traen sus mierdas !
-Mao tranquilícese.¿ Qué más da? Recuerde que Ud. es ahora un fantasma.
-Fantasma o no me van a oír!
-Cálmese Mao... - insistió con suavidad Kaneruk - Precisamente ahora que estaba por decirle que hemos pensado en algunos cambios...
Pero Mao ya no le oía. Sus dedos hacían girar un objeto cilíndrico que había levantado de un cúmulo de basuras que yacía a un costado de la dársena.
-Coca Cola! Coca Cola envase de latón!! Miserables!
Mao estaba rojo, y así doblegado por la elevada estatura, le hacía recordar a Kaneruk una cacerola abollada en la que su madre cocinaba el borsch.
-Belcebú ha dicho que no hay inconvenientes en que abra usted una feria de novedades en Paris.
Mao lloraba sentado sobre un adoquín relamido por desechos de petróleo.
-Claro está, su labor estará concentrada en la compra y venta. Podrá viajar. Correr mundo y... quién sabe?
Kaneruk comprendió que era inútil seguir hablando. Pasó a sentarse sobre la pila de basura y esperó.
-Envíeme junto a ese pillo de Teng -reclamó al cabo de un rato Mao - Ya. Ya. Estoy dispuesto a limpiarle hasta el mingitorio!
-No lo dudo -respondió el polaco, contrariado.
Exploró por unos minutos el espíritu de Mao y a pesar de que no deseaba hacerlo, inició un breve parlamento:
-Se comprende que para Ud. que fue el Jefe de Estado, el líder, esta realidad lo trastorne. Debe reconocer que la China de Mao ya no existe. Teng y los que sucedan a Teng pasarán y China seguirá siendo China. El mundo está cambiando aceleradamente. Muy pronto sucederá un colapso internacional.
Se sabrá que Fort Knox está vacío y que las reservas de oro se quemaron en las guerras perdidas, en carrera armamentista, en espionaje, sobornos y gobiernos títeres. Nosotros mismos dejaremos de usar nuestras anacrónicas colas archirremendadas con símiles de mono y adoptaremos rabos de dacrón lo cual vendrá a reportarnos un ahorro de varios millones de diablones, teniendo en cuenta que la inmensa población de los Infiernos va a sextuplicarse en la próxima década. Belcebú en persona ha tenido que visitar a los directivos de la Casio para interesarlos en una supercomputadora y banco de datos que pueda mantener nuestros archivos al día. No es fácil. Siempre se nos desliza algún internado.

Mao, en un gesto de complicidad, palmeó al otro campechanamente.
Siguieron caminando por las angostas estradas del puerto. Una anciana pasaba encendiendo los faroles y un par de marineros caminaban rumbo a la garita próxima para tomar la guardia.
Era una noche como todas, abovedándose con displicencia en el cielo de China. Un muchacho solitario, con aspecto de malhechor grababa unas iniciales en el mango de un cuchillo.
De repente apareció un coolie trotando sobre el empedrado de la calle y ambos subieron y se dejaron transportar en la silla.
El coolie tomó por una senda desconocida oculta por unos galpones de la aduana y fue a salir a un bosque de hayas donde el viento prendía dulces quejumbres mientras jugueteaba en las tupidas frondas de los árboles.
También inesperadamente el coolie detuvo la marcha y corrió en la espesura de Ias sombras. Bajaron los habitantes del Infierno y alumbrándose con una luciérnaga que Mao logró atrapar en vuelo, se alejaron en pos de una lejana luz que se mecía tal vez debajo de un alero.
Tuvieron que atravesar un trigal espeso que les hostigaba los cuerpos invisibles hasta llegar al lugar. Entonces se encontraron conque el farol divisado a la distancia, pendía de la mano de un hombre subido a una escalera apoyada en un muro.
-Alto, quién vive? -gritó el desconocido.
-Soy el difunto Rostik Kaneruk, espía de confianza del Maligno y zurcidor de las colas de los demonios y mi compañero aquí presente es el Premier Mao Tse Tung.
-Mao -Tse -Tung? -preguntó el hombre después de un silencio que resbaló casi tonto.
Luego descendió lentamente las barras de la escalera y trató de ver a los recién llegados.
El polaco retrocedió unos pasos y estaba en guardia, empuñando una imponente llave francesa de fabricación sueca. Mao Tse Tung miraba al hombre desde el frío objetivismo de su ciencia política.
¿-Dónde estás Mao Tse Tung que no te veo? Yo soy uno cuyo padre fue alcanzado por una de tus purgas! -dijo el desconocido inyectando de ira cada una de sus palabras. Enseguida pegó un silbido y un perro chow apareció desde atrás del muro.
Rostik recorrió el paredón descargando la fuerza de su puño de trecho en trecho, tratando de averiguar si sonaba en falso.
Desde el fondo del bosque de hayas los pies desnudos del coolie fueron estremeciendo menudamente la tierra.
El desconocido y su perro permanecieron expectantes.
-Eres tú, padre? -
-Soy. Soy. -respondió el coolie.
-A quiénes has traído esta noche, padre?
-Nadie ocupó mis servicios.
El desconocido primero rió, luego dijo:
-Entonces te has cargado dos espíritus parlantes. Uno de los cuales dice ser Mao Tse Tung.
El coolie escupió y lanzó de inmediato una prolija lista de insultos de la que no se excluía a la madre del Premier. En tanto el chow pretendía diluir las oscuridades elevando jactancioso el hocico junto a la posada imposible.
-Ahora mismo, del otro lado, están tus ocho compañeros de purga, juramentándose con el primo Wang Chao, esperando que tú les des órdenes.
El coolie avanzó hacia la luz del farol que sostenía su hijo y entonces pudo verse su rostro y cuello sembrado de horribles cicatrices.
Como el perro no dio evidencia de los forasteros, el hijo apoyó el farol en tierra y caminó de un extremo al otro del muro.
El viejo esperó confundido entre las sombras expectante como un tigre.
Tras la inspección, padre e hijo, seguidos del perro desaparecieron por un agujero, abandonando la escalera y el farol.
- ¿De qué sirve haber sido Mao Tse Tung? -inquirió el ex líder.
-Dé gracias que está muerto, porque de lo contrario aquí mismo lo asesinarían - contestó Rostik y aprovechó a rascarse un punto estratégico de la espalda con la llave francesa.
Una bandada de patos salvajes pasó chillando con rumbo al mar.
Salieron los conspiradores montados en sus bicicletas por detrás del muro y el hijo del coolie con el perro en brazos y todos quedaron escuchando el volar de los emplumados. Uno de ellos hizo un disparo de pistola y los patos graznaron conscientes del peligro.
Los huéspedes del Infierno aprovecharon a subir por la escalera y se refugiaron en lo alto del paredón.
Del esfuerzo, Mao se sintió tan agitado, que estuvo a punto de caer y apenas recobró el aliento, pasó un esparadrapo infernal, a modo de pañuelo, enjugando el vinagre que brotaba de sus sienes.
-Están ahí- gritó uno de los juramentados.
-Están, sí, están sobre el muro! –descubrió otro.
Se oyeron de inmediato disparos de pistola. Los hombres, favorecidos por las sombras huyeron con las bicicletas hacia el bosque y como impulsadas por la misma mano, endebles luces se encendieron en las cercanías.
Desde la rada, se dejó oír una sirena de alarma y algunos barcos, entre ellos el yanqui, se iluminaron de proa a popa . Una gran manguera de incendios fue corriendo por uno de los muelles y a medida que los disparos se multiplicaban, el aire iba llenándose de signos de peligro que se azuzaban y perdían en torno al bosque. Finalmente un jeep de la Prefectura apareció gastando los faros con el encendido, "a giorno".
Los militares llegaron blandiendo con soberbia sus Itaka.
-Declare los hechos, ciudadano! -exigió uno de ellos al hijo del coolie.
-Hemos oído voces de gente extraña. Dos hombres. Uno dijo ser Mao Tse Tung y el otro, un polaco...
- ¿Polaco? Polaco puede ser sindicalista relacionado con red de espionaje. Declare ciudadano, cómo era el hombre, cómo estaba vestido, qué número de zapato calzaba, camisa de qué color? Usaba bigote? Lentes de contacto? Declare!
-No se vio, camarada centinela. Sólo se oyeron voces y el perro bien enseñado, tampoco pudo encontrar. El chow está tranquilo.
Los cuatro militares bajaron del jeep, corrieron en diagonal, caminaron de espaldas contra el muro, enfocaron hacia lo alto con sus potentes linternas de servicio; dos de ellos estuvieron a punto de matarse chocando espalda contra espalda junto a la escalera, pero nadie vio a Rostik Kaneruk en compañía de Mao Tse Tung sentados a horcajadas, en la pared. Tampoco escucharon el breve diálogo que ambos sostenían:
-Es muy dura esta posición -decía el ex Premier achicando sensiblemente la eminencia de su voz.
-Es, excesivamente dura, hasta para un diablo -reconoció el otro.
-Permítame regresar a los Infiernos -rogó Mao y algunos lagrimones se le corrieron de los ojos.
-Imposible. Belcebú lo ha confinado a la feria de novedades en París.

A pesar de la posición, Rostik Kaneruk se sintió alcanzado por un estado de creciente euforia que le hizo sudar azufre, sin embargo, dejó que el evadido masticara la negativa y luego dejó caer su propuesta:
-Únicamente que pactemos una permuta.
- ¿Cuál?
-Yo me haré cargo de la feria y Ud. irá de zurcidor de las diablas caudas .
Mao pensó: "Polaco reaccionario", pero antes de que el espía se arrepintiera de la oferta, respondió:
- Qué sea!.-

Beatriz Basenji

lunes, 1 de noviembre de 2010

pequeña historia de Halloween

Los días en un hotel semi abandonado resultan interminables, por no decir infinitos.
Hacía meses que trabajábamos sin descanso aún sin saber si cobraríamos nuestro sueldo. Se trataba de un viejo hotel que hacía tiempo había albergado un asilo de ancianos y que ahora, en tiempos de la crisis se volvía aún más decrépito como los antiguos inquilinos que allí habían morado.
Las instalaciones eran viejas, cuando llovía podíamos escuchar el ruído de la lluvia al caer por las cañerías rotas. Las paredes estaban desconchadas y sucias y la vajilla que en otro tiempo fue hermosa, estaba rota en algunas partes así como la cristalería que se había vuelto opaca de tanto lavarla en el lavavajillas.
Trabajamos sin descanso Andrea, un chica rubia y corpulenta con una obsesión enorme por la limpieza, aún sabiendo que ya hacía mucho tiempo que nadie venía a alquilar las habitaciones del hotel. Ella y yo, Rosely, me llamo, nos encargábamos de que las habitaciones estuviesen pulcras, mientras que Raúl, se encargaba de la cocina, y Pedro, era el encargado del mantenimiento y la limpieza de la piscina.
Raúl era colombiano. Como digo se encargaba de la cocina, era nuestro cocinero oficial del hotel quien debía preparar suculentos platos para los clientes y que sin embargo, dada, la inexistencia de estos cocinaba para nosotros.
Como digo, eramos unos buenos trabajadores, con la misión de mantener aquel hotel en buenas condiciones aún sabiendo que los verdaderos dueños habían desaparecido del país, sin pagarnos nuestro sueldo.
Nosotros en el fondo, soñábamos con que aquel hotel sería nuestro con el tiempo, no nos pagaban pero al fin y al cabo estábamos mucho mejor allí que en nuestras casas, limpiando, cocinando, durmiendo, mientras algunos esperábamos la regularizacion de nuestros papeles de extranjería y otros deseábamos fervientemente que de algún modo se reconociese y se nos pagase por nuestro trabajo.
Fue una noche de invierno.
El hotel se hallaba suspendido sobre una loma. Era una imponente casona colonial, poblada de largos, oscuros y fríos pasillos, llenos de recovecos y de habitaciones misteriosas donde el teléfono sonaba misteriosamente a altas horas de la noche y donde la reja metálica que servía de apertura a los coches recién llegados aveces, se abría sola sin que nadie la accionase.
Raúl el colombiano nos había dicho que cogería el coche para ir a la ciudad. Era su día libre y había quedado con unos compatriotas para celebrar que uno de ellos sería padre.
Así pues sólo estábamos Andrea, Pedro y yo.
A mitad de la noche la puerta de mi habitación se abrió con un golpe seco dejando pasar la luz del pasillo encendida, una luz que yo creía haber apagado antes de irme a dormir.
Bostezé y medio dormida miré el umbral. A través de la puerta se dibujaba la figura de Andrea, no le veía bien el rostro pero sabía que era ella por que tenía un cabello largo, rubio y encrespado, muy parecido, y llevaba un camisón blanco y largo como el que ella solía utilizar.
Me dijo:
-No esperes a Raúl, porque no vendrá esta noche ni nunca. En la autopista ha sufrido un accidente y su coche ha volcado.
Inmediatamente di un salto en la cama y pregunté presa del terror.
-¿Andrea eres tú?.
Pero nadie me contestó.
Salí al pasillo y miré hacia ambos lados, se extendía un largo corredor de paredes abombadas por la humedad lleno de cuadros antiguos de los mejores momentos del hotel, cuando lucía en su máximo explendor. Pero allí no había nadie.
Todas las habitaciones estaban cerradas con llave y sabía que Andrea no podía estar allí pues dormía en el último piso.
Pensé que era una broma de la chica y continué dormiendo.
A la mañana siguiente, hablé con Pedro, el encargado de mantenimiento y me dijo que nada sabía de Raúl, ni tampoco de Andrea, y que creía haberle oído durante la centa que se apuntaría a la fiesta del colombiano, así que ambos habían partido esa noche en el mismo coche.
Más tarde nos llegó la noticia. Raúl y Andrea habían perecido en el mismo accidente de coche.
Sin embargo, aveces tengo la sensación de que la chica que se asomó a darme aquella noche la trágica noticia no era mi amiga. Se parecía en ella en cuanto a su corpulencia y su pelo pero su voz no era la misma y no era posible que fuese ningun inquilino del hotel porque salvo nosotros cuatro allí no había absolutamente nadie.

Aveces tengo la impresión de que esa noche hablé con un fantasma.

Nunca más he vuelto a trabajar en ese hotel y todavía es el día de hoy que recordando aquella mujer en la penumbra de aquel pasillo siento escalofríos.