jueves, 24 de febrero de 2011

Papá, coco.

Basado en cuento tradicional leonés. Recogido Julio Camarena a Leoncio Cuevas Cuevas. Caín 1985

Érase una vez un matrimonio muy enamorado. Ella lo besaba de continuo, lo achuchaba y a cada instante recordaba a todo el mundo lo mucho que amaba a su marido ¡Terrible! Cuando volvía a casa caricias por aquí, arrumacos por allá.  Fruto de su gran amor con ellos dormía en la habitación un guajín pequeño. Una noche cualquiera olvidada en el calendario, pero no en la memoria. El crío se despierta y grita:
- ¡Papá coco! - Señalaba su dedín debajo de la cama- ¡El coco Papá!
El padre después de mucha insistencia mira debajo de la cama y encuentra al señor cura algo ligero de ropa.
- ¡Me cago en tu leche! - Lo agarró de la pechera- Si le vuelves a meter miedo a mi niño, te mato.
No todos los miedos son lo que parecen. 

Qué cuentan los ojos de los niños.




Qué cuentan esos ojos,


qué palabras escuchadas esconden


qué cuando me miran


una sombra los recorre.



Esos ojitos bellos


que confiaban,


esos ojitos lindos


que me querían.



Los niños no saben de males


no entienden de celos, ni rencillas,


de envidias y resquemores,


de maldades de mayores.



Pero cuando los niños miran al suelo,


arrugan la frente,


esconden sus ojos a los tuyos,


y reprochan su silencio con las manos en los bolsillos,


sabes...


que un mayor habló,


que escucharon cosas que ellos no deberían escuchar


o vieron cosas que aún no deberían ver.



Qué pena, por al mayor,


qué pena por el niño


que, con sus ojos ve lo que


aún no deberían ver.



Deja que el niño sea niño,


que su mirada pura traspase mi alma


que sus ojos cristalinos y brillantes cuenten su felicidad


que su infancia dichosa ocupe todo su mirar.



Deja que el niño viva como niño,


deja de enseñarle sombras y


deja de distanciarle del mundo,


deja que disfrute y ría,


que ame la vida,


que ame y mire con los ojos del amor.


Solo, con los ojos del amor.



Charo Acera.




viernes, 18 de febrero de 2011

LA SOLEDAD



Nunca había sentido curiosidad por averiguar a quien pertenecía aquella tumba, los detalles morbosos no la inquietaban y no creía que pudiese haber nada más allá de la muerte: un día te morías y ya estaba. ¡Se acababa todo!. ¡punto y final!. Hasta el momento, nadie había regresado de aquel lugar.

Lo único que de veras le importaba era la casa que samuel y ella habían adquirido juntos. Era blanca de un único piso, con numerosas habitaciones y un largo pasillo; las tejas eran rojas, de un esmalte vivo, era la típica casa que dibujan los niños con un pequeño sendero y una chimenea llena de humo; tenía bastante claridad a primeras horas del día, aunque a la tarde se ensombrecía un poco por el ala oeste; a mano derecha, había una pequeña cocina con una gran nevera y también una despensa aunque el detalle de los víveres no era ningún obstáculo para ella ya que el supermercado del pueblo se hallaba bajando la carretera a sólo media hora de coche.

Por el momento, se hallaba vacía de muebles, excepto en la primera habitación en la que había colocado un camastro ocasional por si ella y samuel decidían pasar algún fin de semana hasta que terminasen de poner todo el mobiliario.

La casa, rodeada por eucaliptos pendía vertiginosamente sobre un acantilado. El paisaje que se veía desde allí era verdaderamente impresionante. Mirar hacia abajo producía vértigo.

A Adamaris le gustaba el olor de los eucaliptos y sentir el murmullo de sus ramas cuando el viento las agitaba. Le gustaba la paz que se sentía allá arriba era, como una anestesia para el dolor.

Era la casa de sus sueños.

La casa que samuel y ella habían soñado juntos.

Sólo tenía un defecto.

Estaba sola, vacía como ella.

Samuel la había abandonado hacia cosa de un mes sin darle ningún motivo convincente. Llevaban diez años juntos, toda una vida y de pronto él se iba y la dejaba diciéndole únicamente que algo en él había cambiado, que no sabía lo que quería y que deseaba emprender una nueva vida lejos de aquel ambiente que tanto le oprimía.

Se había marchado de la ciudad y la había dejado sola. Más tarde, se había enterado por unos amigos que tenía otra mujer y que viviría con ella la vida que le había arrebatado.

A consecuencia de esto, se hallaba en tratamiento psicológico porque no podía dormir, porque no concebía la idea de vivir sin él, envejecer y morir sin nadie que la quisiera, abandonada como un perro. Sola.

El psicólogo había desaconsejado su idea de ir a la nueva casa. aAsu temor patológico a la soledad, no le venía bien un lugar tan apartado como aquel. Adamaris necesitaba estar en compañía de mucha gente.

Había hecho caso omiso a la opinión médica y de todos sus amigos. el único sitio donde podía encontrarse feliz y menos sola era precisamente aquel, la casa en la que había planeado vivir hasta hacerse muy vieja en compañía de samuel, su amor.

Entró en la casa y admiró el brillo del parquet y el olor de la madera. Los obreros la habían dejado acabada aquella misma mañana. Quitó la cinta aislante que cubría una de las ventanas y observó la infinitud del mar a lo lejos.

De pronto, tuvo un sobresalto al sentir su móvil: ¿quién la llamaría? Adamaris suspiró al ver el nombre de Sandra en la pantalla. Sandra era su mejor amiga. Siempre se preocupaba por ella. Era algo bruja y también muy sincera. Decía las cosas tal y como le venían sin pensar en el efecto que podían producir en las personas.

¿Estás loca?- casi gritó- ¿pero a quien se le ocurre ir a esa casa tu sola? ¿y si te da un ramalazo y te da por tirarte por ese acantilado? ¡ahora mismo cojo el coche y me planto contigo! ¿por qué no haces caso a la gente que te quiere?

Durante algunos minutos mantuvo una discusión acalorada con ella. Finalmente rompió a llorar desconsolada.

Le confesó que estaba mal, francamente mal que continuamente sentía ganas de llorar y que la idea del suicido le rondaba cada segundo

pero le dijo, que únicamente en aquella casa encontraba paz y que le pedía por favor que no se inmiscuyera en sus asuntos.

Podía llamarla cada minuto, cada segundo si tenía miedo aunque ella no tenía intención de atentar contra su vida. lo único que quería ahora es que la gente que la quería respetase su voluntad de estar sola.

Entristecida por el estado de su amiga, Sandra dejó de insistir. ya iba a colgar cuando Adamaris en tono de broma y para restarle importancia a su discusión se le ocurrió preguntar:

¿oye, y no tendrás ningún ritual para encontrar al hombre perfecto?

-Pensé que tu hombre perfecto era samuel- respondió sandra.

-tal vez me convenga cambiar de aires- replicó- quiero a un chico guapo, mucho más guapo que samuel, inteligente, sensual, simpático, y que me quiera mucho.

Sorprendida sandra estalló a reír:

-ese hombre no existe adamaris.

-¿ves entonces porque quiero estar sola?

-cuidado con tus deseos adamaris por que pueden hacerse realidad

Siguiendo la broma le dijo que tomara nota. se inventó un ritual de atracción para su amiga diciéndole que necesitaba un pequeño gorrión muerto sobre el que debía verter unos granos de lavanda, envolver el pequeño cadáver en una hoja de un árbol y enterrarlo en una noche de luna llena al lado de una tumba.

Todo esto, lo dijo sandra, ignorando que cerca de la casa que adamaris había comprado, existía verdaderamente una tumba, de una persona desconocida, tal vez un suicida aunque era poco improbable por la pequeña cruz de mármol blanco o incluso, un marinero sin nombre o un antiguo morador de aquella colina.

Con los ingredientes, adamaris bajó al pueblo y compró unos saquitos de lavanda en grano pues no la tenía en casa. encontró efectivamente el cadáver de un pequeño gorrión, probablemente muerto de una enfermedad el poder adivinatorio de sandra era increíble y tal y como ella dijo, envolvió el pequeño cadáver en unas cuantas hojas de eucalipto atadas con una cuerda.

Interpretándolo como un juego simpático que le permitiría encontrar al hombre ideal ya que ella no creía en esas cosas esperó a que hubiese luna llena y enterró el cadáver del pequeño pajarito en un montoncito de tierra al lado de la tumba sin nombre.

Aquello no iba a resultar. ¿pero que perdía por intentarlo? si la magia no existía como ella creía no pasaría nada. nunca había creído en la magia. ¿por qué no empezar a hacerlo ahora?

Sucedió que aquel verano, no pasó absolutamente nada. bueno, sí pasó. pero no fue la aparición del hombre apuesto y encantador de sus sueños.

Lo que ocurrió fue algo más bien terrorífico.

Después de eso, comenzó a sentir como todas las noches una niña desconocida recorría su casa a la carrera. nunca la veía. cuando encendía la luz, los ruidos cesaban pero ella sabía que tenía que tratarse de una niña, una niña de corta edad.

Incluso, una noche cerró con llave la puerta, por temor a que realmente una niña del pueblo hubiese subido hasta allí arriba cosa improbable ya que era la única inquilina de aquella colina a gastarle una broma pesada.

Los ruidos de la niña volvieron a oírse también aquella misma noche dentro de la casa y justo al lado de su cama. pero al encender la luz, todo se desvaneció.

Pensando que la soledad le estaba haciendo volverse loca, tomó la determinación de abandonar la casa aquel verano. a su llegada a ribadesella, le contó a su amiga sandra lo que había acontecido y esta le habló de la posibilidad de que hubiese un espíritu en su casa a consecuencia del ritual practicado.

Sandra tenía la culpa. había jugado a inventarse un ritual y con la magia no se juega. aquel mismo año tuvo un accidente de tráfico en el que perdió la vida.

Pero adamaris no lo atribuyó en ningún momento a un castigo por jugar con la magia.

Pasaron los años y regresó a la casa. la casa blanca que se parecía a un dibujo infantil con su camino, y sus eucaliptos.

La casa donde samuel y ella habían planeado agotar los últimos días de su vida.

El espíritu de la extraña niña dejó de atormentarla desde el primer día en que había puesto un pie sobre la casa.

Adamaris estaba feliz. había encontrado al hombre de sus sueños. era un caminante, guapo, alto y rubio de habla extranjera. se dedicaba al senderismo cuando por casualidades de la vida fue a parar cerca de su casa. se hallaba alojado en el hotel del pueblo.

Le preguntó si era feliz allí y le dijo que debía serlo pues si él viviese en un lugar tan hermoso como aquel no pensaría en abandonarlo nunca.

Mantuvo una hermosa relación con él durante un mes. aquel adonis, llegaba a su casa cada anochecer y le colmaba de todos los besos y caricias que nunca había soñado tener.

La felicidad se reflejaba en su rostro.

Era enormemente feliz.

Pero un día, al igual que samuel, desapareció y la dejó nuevamente sola.

Intrigada por la extraña desaparición de su amado, volvió al pueblo y preguntó en el hotel por él.

Nadie le conocía. no había ningún muchacho alemán registrado con ese nombre durante aquel año.

Sin saber como ni porque, entró en la iglesia para hablar con el párroco. Ella no creía en aquellas cosas.

Pero necesitaba consuelo a su dolor. necesitaba hablarle a alguien de su temor a quedarse sola.

Cuando el párroco oyó el nombre y los apellidos de aquel muchacho, palideció.

Adamaris le preguntó que le sucedía.

Éste únicamente le dijo que no podía ser posible que hubiese conocido a aquel hombre ya que había muerto.

Los cimientos de la nueva casa de adamaris estaban sobre la antigua casa. por lo visto, fue un hombre cuya hija murió de una enfermedad pulmonar. incapaz de soportar la tristeza, su mujer, la persona a quien él más quería en el mundo, le dejó solo. Incapaz de soportar la muerte de su hija y el abandono de su esposa se precipitó al mar.


Había anochecido cuando adamaris abrió sigilosamente la puerta de su casa con intención de coger las pocas pertenencias que tenía y poner los pies en polvorosa lejos de aquella casa maldita gracias al ritual de una amiga aprendiz de bruja y a ella misma que lo había llevado a cabo.
Al poner un pie dentro un aire gélido le golpeó la cara y una fuerza sobrenatural la empujó hacia dentro.

Quiso encender la luz pero una mano gélida se lo impidió empujándola contra una viga que le hizo perder durante un instante la conciencia.

Cuando la recuperó, vio que la luz de la luna iluminaba a una niña con un hermoso vestido blanco, mesándole los cabellos. a su lado había un pañuelo manchado de sangre.

Adamaris recordó la enfermedad pulmonar de la que el párroco le había hablado con respecto a la niña.

A su espalda, surgió una voz de ultratumba que le decía:

"ya nunca más estarás sola".

miércoles, 16 de febrero de 2011

Sherezade



Su nombre no es Sherezade aunque siempre deseó releer las mil y una noches y recuerda breves fragmentos que leyó cuando era pequeña: relatos llenos de misterio en que un navegante bravío atracaba la cueva de Alibaba y los cuarenta ladrones bajo la firme sentencia de “Ábrete o ciérrate Sésamo”.
Ella ya no es tan joven como el resto de las bailarinas pero huele a miel, té moruno y especias, también tiene el corazón y los ojos de una niña que ha visto pasar los inviernos más duros y que aún así baila sin tregua.
Baila con la fragilidad de un junco mecido por el viento y con la resistencia de algo duro, compacto que no puede ser abatido por ninguna fuerza natural o divina luciendo unos tobillos adornados con pulseras que titilan a cada paso grácil, a cada movimiento sensual, describiendo círculos imposibles en el aire al compás de la música que recuerda a un país donde los papiros aún suspiran y musitan extrañas sentencias al ritmo de brazos mecidos por olas imaginarias.
Un día soñó que volvía a las dunas del desierto bajo un cielo índigo iluminado por la luna de los sarracenos e intento olvidarse de palabras como intolerancia, odio y dolor y las cambió por respeto, amor y alegría y entusiasmo por la vida.
Se contó así misma todas las historias escritas y no escritas para quedar plácidamente sumida en un sueño del que aún no ha despertado como si fuese un genio atrapado en una lámpara.
Cuentan que en las noches de invierno, Sherezade mueve sus caderas hechizando a las gentes con su danza sinuosa, plagada de misterio tan sólo para quienes pueden ver su corazón tierno, para aquellos que son capaces de captar la verdadera belleza del alma transmitida a cada parte independiente del resto del cuerpo: las caderas, las piernas, los brazos, las muñecas, las manos de dedos gráciles que parecen sostener y dejar caer un velo invisible, la expresión serena y vital de los gestos, en un vaivén infinito de dicha.

lunes, 14 de febrero de 2011

EL NAUTA



Lo conocí en sus buenos tiempos. Era lo que se dice “ un triunfador” . Cuanto tocaba se convertía en oro, o poco menos. Hombre con espíritu aventurero, capaz de largarse en solitario a navegar por los litorales bravíos de los mares del Sur. Sus regresos eran triunfales. Gozosos. Plenos de recuerdos hilvanados con elegancia. Hubo tardes en que fue hasta el aeropuerto a tomar un café con una joven, y ahí mismo, acercarse a las ventanillas, adquirir un par de pasajes de avión y largarse a una nueva aventura. Así de simple.
Aquel atardecer que recaló en nuestra casa, no era el mismo. Le precedía una larga respiración, como un suspiro pausado y las palabras salían de su interior entrecortadas, exánimes. Nos miraba ya no desde su maestría de pintor, ni de sus peritajes marinos , ni siquiera desde sus arenas destempladas . Así como un sediento pide un vaso de agua, el pidió una cama donde yacer unas horas.
Y allí se fue, a lanzar su humanidad sobre un lecho alcanforado .
Un par de años mas tarde tropezamos con él, en los bordes de una esquina . Si cayó en ese lugar, o se sentó al borde de la calle , allí estaba. Al vernos quiso recobrar el rostro perdido, y poner en pié su humanidad desencajada. Nos tendió la mano y balbuceó algunas palabras carentes de sentido. Le preguntamos si deseaba que lo alcanzáramos a algún sitio . Mi casa, exclamó, y hacia allí lo llevamos.
No habló nada durante el trayecto. Bajó del auto hasta con elegancia, nos palmeamos mutuamente , y se perdió detrás de un cerco de bignonias.
Luego nos llamó y acaso intentó contarme una larga historia. Aunque tomé nota de las palabras que logré reconocer, ninguna de ellas lograba tener un sentido .
-Eres un hombre fuerte. Tu estas por encima de las circunstancias.- le dije al despedirme.
Un mes mas tarde me invitó a su casa.
Vivía en el piso superior. La escalera era maravillosamente accesible. Cuando llegamos al sitio que deseaba mostrarme, quedé impactado. Se trataba de una biblioteca. Me sentí atribulado. Libros y libros ordenados en anaqueles que iban desde el piso hasta el cielorraso. Olía a papel y a betunes. Herencia de su padre. Con el tiempo descubrió que muchos de ellos habian sido robados en bibliotecas de provincia, que aún conservaban sus sellos oficiales. Para su progenitor, la sabiduría bien valía aquellas sustracciones. Al fin y al cabo, no era esa la historia de la Humanidad? Generar conflictos y guerras para robar los tesoros del enemigo?Qué no darían ciertos pueblos por recobrar los mapas que sus invasores les habían quitado? “Un mapa, hijo, es el delator de las riquezas de un reino“, había dicho su padre.
Ahora, según mi amigo, ya ningún mapa estaba a salvo. Impertérritos ojos cruzaban hora tras hora los cielos, grabando aquellos movimientos humanos semejantes a hormigas, que surcaban carreteras , autopistas, caminos comarcales, puentes. Los ojos satelitales miraban impasibles hasta los cultivos de las opiáceas y calculaban las toneladas que se lanzarían a los mercados del mundo para aplacar las rabias y venenos de los más exaltados. También predecían las cosechas de cereales y hacían oscilar los precios internacionales a la baja o a la alta.
“Pero aquí me ves. Soy el hombre lúcido que se sumerge en estos libros, como en un baño de sal que nos convertirá en indolentes. Una mentira más. El interior de mi cuerpo se va despidiendo cada día de millones de células que no vuelve a reponer nunca más. No duermo a causa de los estertores de mi tórax cuando descanso. Al principio imaginaba que algún gato del vecindario se había acomodado debajo de mi camastro y emitía esas respiraciones hechas de quejidos sutilísimos. Hasta que me dí cuenta que eran mis propios bronquios quejumbrosos. Mas allá de las tres o cuatro de la madrugada mis respiraciones son hipopótamos enfilando por las oscuridades de la selva. Al final me veo a mi mismo , sudoroso , con mis gruesas pieles colapsadas , caminando en mi laberinto literal. “
Ya no salgo de esta casa. Mi madre se las ingenia para que nos traigan un pollo rotisado los domingos, y el resto de la semana inventamos unas comidas en las que aparecen finamente picados los restos del pollo. Al final, el sábado hacemos un caldo con los huesitos y les añadimos restos de hortalizas que los verduleros tiran a la basura, y para que la sopa resulte mas sustanciosa, le arrojamos crostones de pan viejo. Se acercó mas a mí y en tono confidencial me dijo:
Conservar nuestro velero anclado en la dársena deportiva es la única recompensa a tanta penuria.-

jueves, 10 de febrero de 2011

pequeñas poesias



LA MARCHA

Y me voy por la vereda
Con el corazón alegre
Buscando días cálidos
Junto al amor que me quiso.

EL ANGEL

En mi jardín tengo un ángel de piedra
De una belleza extraña
Y todos los días acaricio sus alas
Esperando que despierte del sueño
Y de mi se enamore.

LOCURA

Todas esas tonterías que se dicen
Cuando eres joven,
Los demás lo llaman así
Y se ríen de la soledad de tu cuarto,
De tus poesías.
Sí, ese es el nombre.
Tú formas rimas con tus propios latidos
Y construyes un puente
de recuerdos hermosos.
Ellos dicen que la decepción del amor
No es hermosa
Y en parte no mienten.
Pero quien ama
Jugándolo todo
A una sola carta
No debe afligirse si pierde.
Ellos quizá no sepan que es eso.
Ellos, lo rechazan todo
A cambio de la razón.
Pero el amor, sólo es locura.
¡Y que hermosa!.

LA BUENAVENTURA.

A la salida de la Alhambra
Una gitana leyó en las líneas de mi mano.
Una vida larga y feliz me predijeron
Dos retoños
Que iluminarían mi vida
De paz y sosiego
Un gran amor que estaría
Siempre a mi lado.

IMPERFECTO

Existe una gran diferencia
Entre el perfecto placer
Y el sencillo amor.
El primero,
Nos eleva hacia lo más alto
Haciéndonos creer superiores
Al resto de los mortales.
El segundo en cambio,
Nos hace descender
A la altura del ser humano,
Amando la imperfección
Por encima de todo.

TRES COSAS

Tres cosas he visto hoy,
A dios en la naturaleza
Apolo en el corazón
Y Eros en tus labios.

OLIMPO

Por Zeus que tienes una venda
Que te impide ver.
¿Es que no has buscado
en los ojos de la noche?
¿Es que acaso, no te has pasado media vida
intentando desentrañar el misterio
de esa estrella?
Que los dioses del Olimpo te protejan
Si no escuchas
En el canto de las cigarras
Y el murmullo de las olas.
El amor
Puede gritar muchas cosas
En silencio.

AMOR DE CORSARIO

Cuando miro el mar
Pienso en tus ojos
Porque me resultan bellos,
Límpidos,
Vacíos de hipocresía,
Navegables hasta el infinito
Y pienso:
¡Quien pudiera convertirse en corsario,
revelarse contra todo orden establecido!.
Hacer de tu amor
Mi patria
Y mi estandarte
Y abordar con valentía
Tu reino acuoso.
Quien pudiera amor
Conquistar el firmamento
Y ponerlo ante tus ojos.

LA FARSANTE

Algún día, al leer entre líneas,
Me encontrarás,
Y sin saber como, ni cuando,
Pensarás en mí.
Pequeño bufón,
Muchacha triste
Que reía
Cuando lloraba por dentro.
Que te quiso tanto
A cambio de tan poco,
Una sonrisa,
Una mirada,
Un beso.

domingo, 6 de febrero de 2011

VOLUMEN


La insistencia de su presencia, me estaba poniendo nerviosa. Cada vez que me sentaba en la mesa, lo encontraba pegado a mí. Lo devolvía a su estantería. Pero no servía de nada, él terco en perseguirme.
Decidí abrirlo e intentar saber porqué me perseguía. Fue realmente apabullante:
- Vaya menos mal que te has decidido, llevo detrás de ti ni se sabe.
Miré en todas direcciones, en la habitación no había nadie. Era él, el libro, aquel volumen lleno de letras el que se dirigía a mí.
Veguellina de Órbigo - León
Manuela Bodas Puente

viernes, 4 de febrero de 2011

Educando a Tarzán


Involución.

Chita se enteró, por pura casualidad, de que, en la aldea de los hombres, enfrascada como era su costumbre en una larga y penosa guerra fratricida, un general (del bando que luego resultó ser el vencedor) había dicho aquella cosa atroz, que abochornaba solamente al escucharla:
"Nuestros heroicos legionarios les han enseñado a las mujeres de los rojos lo que es realmente un hombre y no un castrado miliciano".
Y, con el mismo horror, se enteró de que semejante bestia sanguinaria no había sido, por lo menos, degradado, sino que figuraba en la nómina de los Padres de la Patria y le habían sido dedicadas plazas, calles y avenidas.


Se le erizó a Chita, de puro furor, el pelo de la espalda y comentó al pupilo, realmente impresionada:


-" Mira, Tarzán, hijo. Si por algún designio oscuro, que no alcanzo a comprender, el Gran Mono Celestial hubiera castigado a una parte de nosotros convirtiéndoles en hombres, no debería hablarse jamás de evolución, sino de fatal degeneración. 
 Sólo así podría explicarse la existencia de esos monos asesinos, salvajes y enloquecidos".


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