lunes, 26 de enero de 2015

jueves, 22 de enero de 2015

NUEVE NANORRELATOS SOBRE "EL ABRIGO"



El pornógrafo ocultaba el muestrario de postales sicalípticas en el reverso del abrigo. Por el verano, atendía un carrito de helados.

En los buenos tiempos, le regaló un abrigo de marta cibelina. Ahora, cada vez que ella le arroja una moneda, se le hiela el alma.

Salían a mendigar sin abrigo para dar más lástima. Luego, se reponían en casa, con el baño caliente que les preparaba el mayordomo.

Salió a cazar un oso para hacerse un abrigo, pero acabó jugándose con él su pelliza al póker.

Cuando el abrigo de pieles estuvo por fin terminado, al embajador en Moscú le enviaron urgentemente a Nairobi.

Por un extraño prodigio, todas las pieles del ropero de la ópera huyeron en tropel y se ocultaron en los setos del parque más cercano.

Desde el asilo de ancianos, aún se acuerda del frío que pasó cuando vendió el abrigo para pagar las medicinas de ese hijo que nunca viene.

Cuando un abrigo sin nadie dentro le pidió fuego, casi le da algo. Luego pensó que el hombre invisible también tenía derecho a tener frío.

Le regalaron un abrigo negro y largo, con esclavina y forro rojo. Al mes de usarlo notó que le estaban creciendo los colmillos.