jueves, 27 de octubre de 2011

HILO MUSICAL

Todavía eran de vapor aquellos trenuchos de vía estrecha. Mi madre me acomodó junto a la ventanilla, sobre el banco de duras listas de madera. Tocaron las tres campanadas de rigor y luego un señor muy trajeado enseñó al maquinista un palo grueso. Más adelante supe que era una bandera, pero en ese momento creí que lo había amenazado para que arrancara de una vez. La cosa es que aquello silbó y empezó a crepitar y las ruedas hacían chaca-chaca y chun-chun-chun, lo cual me maravilló porque era justo como ocurría en los cuentos que mi padre me contaba las noches en que le tocaba descanso. Al poco de ponerse el convoy en movimiento me fijé en unos cables que pasaban frente al vidrio. Subían y bajaban al ritmo del chaca-chaca-chun de forma misteriosa. A veces había un pájaro o varios, posados como fusas en aquel arcaico pentagrama. Cada poco un poste cerraba el compás. Así una, dos, tres... muchas veces. Pasé todo el viaje hipnotizado por aquella extraña melodía a la que podía poner letras a mi antojo. Me dio pena llegar. Sobre todo porque el hilo seguía y seguía...

2 comentarios:

  1. Uno te lee y cree estar viendo una película de algún director checoeslovaco de los buenos tiempos o del mismo Aleksander Sokurov.
    Excelente. Una maestría lo suyo.
    Cordiales saludos-

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  2. Otra vez gracias. Tendré que buscar alguna peli de ese Sokurov.

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