jueves, 24 de noviembre de 2011

DE ENTRE LOS MUERTOS

Viví hace años en una casa antigua. Una de esas señoriales, con puertas de servicio y ascensores que crujen. Mi despacho daba al patio de vecinos. Un patio espeso, lleno de palabras fugitivas y de pensamientos impuros suspendidos como lábaros. La inspiración partía transparente del incierto cielo y se iba cargando de carnalidad en el camino. Era como el tiro de una chimenea que producía poemas tan incandescentes como brasas. Todo fue bien hasta que me topé con ella. En la ventana de enfrente, arriba, Kim Novak en persona limpiaba cristales peligrosamente subida en el alféizar. Vestía delantal y cofia - lo que la dotaba de un algo turbador - y la penumbra oculta bajo su falda amenazaba mucho más fieramente que el vacío. Me miró y esbozó una sonrisa. Era ella, lo juro. Sentí terror; no quería vagar el resto de mi vida persiguiendo a un espectro. No tuve más remedio que cambiar de domicilio. Es la enésima que lo hago desde entonces. Tarde o temprano aparece suspendida en el abismo y huyo de nuevo. Pero ni loco me planteo mudarme a un piso con todas las habitaciones exteriores.

2 comentarios:

  1. Muy bien, Antonio. Te recomiendo que, cuando subas algún texto, pongas (en el espacio "etiquetas") tu nombre para que así puedan leerse, si se quiere, tudos tus escritos seguidos en este blog.
    Saludos

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  2. Hecho. Y a ver si os animáis, que me estáis dejando solo. Abrazos.

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