sábado, 5 de noviembre de 2011

ROJO PASIÓN

A mí no me gusta el tomate. Nunca me ha gustado. Le diré más, detesto su rojo estridente, brillante, reventón. Lo que pasa es que el Guti dijo “venga, uno cada uno”, con aquel gesto como de James Cagney en “El enemigo público”, y no era cuestión… Salimos pitando y saltamos tras la tapia de un solar. Allí, entre risas - estaban rojos, fofos, rezumantes… asquerosos – dimos cuenta del botín, que después yo vomité a escondidas. Mi madre se enteró y me puso el culo del color intenso de mi pecado. Igual que el de mi cara cuando me obligó a pedir disculpas al tendero. Por si fuera poco, el Guti me zurró la badana por chivato presunto. El día siguiente era Domingo de Ramos y mi adorada Maripi se presentó en la iglesia con un flamante vestido... rojo. Ahí empezaron, doctora, mis problemas con las mujeres... por cierto, no podría usted, ni por un día, prescindir de pintarse los labios de ese modo...

2 comentarios:

  1. Vaya, que cuentos mas estupendos! Ni les sobra ni les falta. Y al final qué remates magistrales! Te felicito Antonio. Un placer haberte descubierto en este sitio.
    Cordiales saludos.

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  2. Gracias, Beatriz. No había visto tu comentario hasta hoy.

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