1.
“El chico tiene talento” -dijo Ireneo mientras se mesaba la cicatriz de la mejilla. Y todos asintieron, con los ojos fijos en la redondez del agujero entre las cejas.
2.
Un señor entregó ciertos talentos a cada uno de sus tres sirvientes, según la capacidad de cada uno. A los cinco años volvió, y los bancos se lo habían llevado todo.
3.
Wolfgang Amadeus Mozart, el Pequeño Ruiseñor, Enrique y Ana, Kiko Rivera… ¿Y todavía alguien cree en la Evolución?
Blog colectivo para contar cuentos, historias y todo lo demás en este filandón virtual
viernes, 26 de octubre de 2012
jueves, 18 de octubre de 2012
DOS MINI-MICROS
1.
Se desayunaba un cordero relleno de perdices. Luego salía a hacer tiempo hasta el tentempié de las diez. Los naturales del país le miraban con cierto grado de recelo.
2.
Estaba el señor K desayunando cuando llamaron a la puerta. Eran los del juzgado que venían a desahuciarle. “Diantre –dijo K-, vaya manera de empezar el día”.
Se desayunaba un cordero relleno de perdices. Luego salía a hacer tiempo hasta el tentempié de las diez. Los naturales del país le miraban con cierto grado de recelo.
2.
Estaba el señor K desayunando cuando llamaron a la puerta. Eran los del juzgado que venían a desahuciarle. “Diantre –dijo K-, vaya manera de empezar el día”.
viernes, 13 de julio de 2012
Pensar en una sombra...
Lo negro era el carbón, lo blanco era la vida. Fue el verano
en que no había nada más que hacer; repartir los trabajos hogareños, llevarle
los encargos a mamá, almacenar leña para el invierno... así era el tiempo del
verano, un tiempo que albergaba la ilusión de una adolescencia rozada con la
miraba esquiva del destino. Una ilusión que apenas me pertenecía, en un pueblo
donde, para un muchacho, todo lo que algún día pretendió ser porvenir yace entre
las ruinas de la mina.
Yo tenía trece años, y pienso ahora que, para aquella baraja
cerrada que era mi vida, la primera forma reconocible del destino debió ser
algo relacionado con la visita de aquel sacerdote al colegio, allá por el mes
de mayo. Debió ser por el encantamiento que sus palabras produjeron en mis
ojos, ese encantamiento que está detrás de lo que se oye, acaso la delicadeza
de un lenguaje, apenas comprensible, que tiznaba con su halo misterioso mi
imaginación.
Venía por la calle un aire parecido al que aspiraba leyendo un
libro de muchas páginas en la biblioteca: vainilla, humedad, pomada de otoño
con las marcas de los uniformes de los mineros; era casi como seguir un sendero
hasta el rincón de lo desconocido donde, en un futuro, aparecería mi otra
mitad.
De camino a la mina hay una calle que huele a vainilla; cuando
pasaba por allí, asociaba con algo ese olor, inesperado y eficaz, pero lo
asociaba según mi propia ley de la memoria imaginada.
Parecía inevitable, miraba la tierra negra en un lugar
suspendido en la irrealidad: desde que tenía uso de razón, día a día,
atravesaba un tiempo arcaico, verdadero y condenado a yacer bajo el manto
oscuro del carbón; polvo gris activísimo, hondura de barro tan negro como la
carbonilla. Ya están pasando los mineros hacía el vacío veloz que ciega la
mirada y el nombre personal de cada uno de ellos; ahí estaban las huellas de
los que iban, mezclándose con las marcas de los otros que regresaban.
Entre las muchas memorias perdidas mi primera memoria se
vuelve transparente, es cristalina y, aunque parece frágil, aguanta toneladas
de peso. Sabe su dura persistencia desde que descubrió la dureza de una mirada
azul, donde chorreaban lamentos invertidos y no lloraba.
Había una nostalgia en cuclillas y un ángulo confuso en
aquella mirada; hay aquella tarde, donde goteaban los mineros, uno a uno,
camino del tajo, también las últimas palabras que entre ellos no se dicen, y la
cara y la luz salpicada de grises, sus manos, sus saludos que se inflamaban
como el redondo agujero de la bocamina. Hay segunderos de muerte flotando en el
arroyo y secas sonrisas vueltas del revés que aún eran alegres.
La música que daba el aire de la tarde se evaporó sin
descubrir que había un secreto en una de aquellas manos - para quien- se
detendrá el tiempo. Horas más tarde cayó la destrucción sobre Gumersindo el
maquinista, su vida se desencajó de plano.
En aquellos días yo fluctuaba entre el juego y el ansia de ver
más allá de lo que puede fijarse con palabras. Veía argumentos, y aún hoy sigo
soñándolos. De todas las cosas, el rostro y los ojos azules de Gumersindo, me
vuelven ahora, como pinturas de una sombra del pasado, vistos en una calle con
aroma a vainilla. ¿Por qué no supe traerlos al poema? Aquel suceso sin duda fue
una gran tragedia y, si supiera responder a la cuestión de por qué tuvo que
suceder, sabría más acerca de mi mismo.
lunes, 9 de julio de 2012
martes, 26 de junio de 2012
La herencia de la tierra.

Ilustraciòn de Laura Bécares. http://estudiolalunadepapel.blogspot.com.es/
Esta historia está dedicada a los mineros y en especial a la gente de Ciñera de Gordón.
Había una vez un rey que decidió dejar su reino en herencia, pero como no tenía hijos, ni sobrinos, ni personas de confianza, decidió convocar una oportunidad para todo el pueblo:
- ¡Qué todas las ciudadanas y ciudadanos pasen por el castillo y hablen con su majestad! – Ordenó reciamente –Aquel que de buenas razones de nobleza que le hagan digno de mi corona, recibirá mi trono.
Después de hablar con todos, tarea ardua, quedaron tres finalistas; un banquero, un político de la corte y un minero.
- Esta bien – sentenció el monarca – Os voy a poner una prueba y el que supere la prueba se quedará con el reino. En menos de 24 horas debéis llenar la gran sala imperial de palacio con aquello que tengáis sin pedírselo a nadie.
El banquero tenía solo monedas, billetes, acciones y muchas casas, pero esas no se podían meter dentro de un castillo, eso sí, tenía las escrituras públicas. Lleno la sala de papelajos y calderilla en cantidades ingentes. Al verlo el rey, tomo un billete y exclamó:
- Esto es papel mojado, pues si los hombres no hacemos convención de lo que el dinero vale, esto no vale para nada. No le puedo dejar mi reino a un banquero, porque pone a las personas al servicio del dinero y no el dinero al servicio de las personas. No me vales.
El siguiente fue el político. Este no tenía tanto dinero como el banquero, porque lo que tenía lo había conseguido gracias al favor de los que mueven el dinero, pero tenía influencias y contactos. Llamo a todos sus esbirros y lleno aquella sala de poder falso y baldío. De gente que estaba allí no por lealtad, sino por miedo, interés, mediocridad, deuda o apoltronamiento. Toda la sala presente de acólitos, asesores, estúpidos, seres que nunca supieron que hacer con su vida, que pensaron que lo único que conducía a la felicidad era ponerse una corbata y mirar a los demás por encima; personas que hacían del trepar una batalla de máscaras y besamanos. (Pobres infelices que nunca sabrán lo que el amor vale). El rey tampoco quiso dejarle en herencia al político su reino.
- ¿Qué será de las personas si solo se juntan con los otros por interés – se preguntó el rey - … y no por amistad verdadera? El mundo se volvería una guerra pulcra por fuera pero podrida por dentro. No habría paz verdadera, sino títeres del protocolo y las formas, reos de la mentira y mártires del peldaño siguiente. Esa escalera lleva al abismo. No. No me vales político.
Le toco el turno al minero. Espero a que llegara la noche y le pidió al rey que apagase las luces. (Todas las luces del palacio). De repente encendió el foco de su lámpara y con los destellos trató de darle mucha luminosidad a la gran sala, pero era un salón tan oscuro, tan grande, tan negro, tan profundamente negro, que una sola lamparilla no daba brillo. El minero miro al rey con tristeza y habló:
- Yo sé hacer del negro carbón luz cada día para darle el pan a mi familia, pero con mi farol no puedo iluminar toda la estancia.
En el exterior se oyeron miles de voces en un solo clamor. Eran otros mineros que entraron por sorpresa al palacio. Venían cantando Santa Bárbara bendita. Encendieron los faros de sus cascos y al prenderlos, toda la sala se lleno de estrellas. Aquello parecían las vidrieras de la Catedral de León.
El rey decidió darle su legado al minero, porque su ejemplo de unidad, de fortaleza, de lealtad, de trabajar por los suyos, al tiempo que aguantaba que en las cuencas mineras el dinero de los fondos Miner se lo comieran las ratas, eso sí, sin reinvertirlo en recuperar las montañas o en generar empleo, ese minero, tenía tanta dignidad, que podía mirarle a los ojos al mismo rey sin que este lo tuviera por menos.
- Lo he decidido. Mi reino para el minero.
¡Qué no os engañen ciudadanos diciendo que los mineros son violentos o son terroristas! Violento es aquel que usa la mentira como un veneno, que se dice representante del pueblo cuando en realidad representa el interés de su bolsillo y de las multinacionales. Violencia es hacer algo en la vida sin vocación. Y aquel que no sabía hacer nada en vez de hacerse minero se presentó a unas elecciones.
Señores políticos rectifiquen, la violencia nos hace perder a todos y ustedes son los que generan la violencia. Defenderse no es violento… fue el modo con el que nuestros mayores consiguieron los derechos que no queríais darles, esos mismos que hoy quitáis. Eso sí, el paso entre la defensa y la guerra es muy, muy cercano. Por favor, no tensen más la cuerda y respeten a los humildes. No queremos guerra, pero no podemos permitir que nos pisen. Con la guerra perdemos todos.
En este cuento donde dice minero, podría decir maestro, albañil, pescador, agricultor, cajero, frutero, funcionario, soñador, indignado, autónomo, caminero etc. Todos somos herman@s. Todos somos uno. La dignidad del que trabaja les pone a ustedes en su sitio. No más capitalismos. No es democracia el mercado, la especulación, paraísos fiscales, 6 millones de muertos en el mundo de hambre al día, venta de armas que ustedes no prohíben, leyes a medida de los grandes emporios, rescate a los bancos y recorte a los humildes. La vida de ustedes no puede ser nuestra muerte. Tengan memoria histórica, las injusticias generan explosiones de rabia. No generen mas violencia, pónganse al servicio de la vida y del amor, porque sino serán ricos infelices y gastarán en seguridad lo que no gastan en hacer lo correcto.
Mineros. Mineras. Prudencia. Defenderse no es hacerse hijo de las armas. Ellos son hijos de la guerra, a nosotros nos acunó la ternura y el sudor generoso de nuestra gente. Políticos, háganse personas… Pongan su oficio al servicio del interés general. Los políticos que ya lo hayan logrado ( No se ven muchos la verdad), den ejemplo: Exijan al que no lo haga, que deje el salvajismo.
jueves, 24 de mayo de 2012
CANCIÓN DE SIRENAS, una historia infantil en forma de poema, con ilustración incluida.
Esta pequeña historia en verso surgió, para los siempre atentos oídos de mi hija, un día mientras paseábamos viendo jugar las olas. Fernando Noriega lo ha ilustrado. Y ahora se encuentra junto a otros en la última antología de la Colección Charín de Poesía Infantil y Juvenil, titulada "Corazón de estrella".
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