Cuando ingresé en la
firma, apenas había un escritorio muy viejito, de segunda o quinta
mano , un sillón idem,dos tristes sillas y un fichero manual
que me encargué de organizar.
Nunca me pregunto
cual es mi rol, porque soy el que está en todo.
Lo que menos me gusta
es seleccionar personas cuando se produce una vacante. Así que pasé
tres largos dias concediendo entrevistas ,hasta que hizo su aparición
Glinys.
Prometía ser la
persona ideal. Simpática, atenta, positiva, puntual. La aprobación
fue unánime a pesar que ella nos impuso una condición: los
miércoles por la tarde no se podía contar con su persona. Nunca.
Los miércoles por la tarde no había Glinys.
Al principio el Jefe
contempló la demanda como un detalle acorde con la personalidad.
No cualquier empresa podía darse el lujo de una Glinys, de modo
que una tarde de miércoles era admisible.
Con el correr de las
semanas los miércoles se iniciaban con situaciones anómalas y era
que los efectos de Glinys
ausente por la tarde
creaba síntomas solapados de rebeldía . Hasta era posible que
algunos elaboraran un meticuloso montaje teatral; pero sea como
fuese, los miércoles se nos extraviaban libros de actas ; datos
importantes se escabullian de los archivos de las computadoras,
objetos tales como abrochadoras o sellos desaparecían de sus
lugares habituales, para encontrarse mas tarde en el office del
cuarto piso, en las antesalas de los baños, en el trastero de
mantenimiento. Si algún contrato quedaba en suspenso, era en
miércoles por la tarde.
Insensiblemente se fue
instalando un clima adverso en torno a Glinys;lo peor que nada se
podía hacer al respecto. Lo mas significativo resultaba que
ella vivía totalmente ajena a nuestras envidias, celos y
fantasías. Nadie pudo lograr hacer mella en su buen ánimo. Hasta
que Hortensia – la Jefa del segundo piso - ya rebosante de
fastidio, quiso saber cual era la causa por la qué Glinys
era dueña de los miércoles por la tarde. Contrató a alguien de
su confianza y así empezó.
.El domicilio legal
de Glinys no coincidía con el sitio donde residía. Ese fue el
primer sobresalto. Cuando el investigador pasó su primer informe,
el asunto del domicilio cayó mal.
El segundo
descubrimiento tenía relación con el automóvil. Glinys tenía
registrados a su nombre dos autos. Los dos adquiridos casi al
mismo tiempo, en la misma agencia, nuevos y de especiales
características : rodados para personas discapacitadas .
Tan luego Glinys
valiéndose de tales vehículos, cuando saltaba a la vista su
excelente salud. Hortensia en persona subió hasta la oficina de
Sueldos y Jornales y revisó prolijamente las liquidaciones de los
haberes de la joven
.¿ Podía alguien
con un sueldo que no llegaba a los mil doscientos dólares adquirir
dos automóviles especiales? No. Rotundamente no. Hortensia estaba
verde .
El mismo Jefe fue
boyando una ansiedad que hasta entonces nadie le conocía. La
ansiedad en él se traducía en un ir y venir al lavabo para lavarse
las manos. Llegó a considerar preguntar a la joven a qué
dedicaba sus famosos dias miércoles. Luego su dignidad, su
orgullo aséptico lo hacían filtrar nuevamente la cordura y
desechaba aquellos deslices de su pensamiento. Pero Hortensia
estaba muy lejos de la sensatez del Jefe. De modo que como buena
taurina decidió cortar por lo sano y emplear sus afilados
tacones tras los pasos de Glinys.
A pesar de cuanto ya
sabía no le fue fácil pescar a Glinys saliendo del domicilio
real. Los vidrios oscuros como las cortinas de los antiguos
carruajes chinos eran impenetrables. La siguió a prudente
distancia. Atravesaron toda la ciudad por la avenida principal .
Salieron por la ruta que bordeaba el camino de la costa. Al
final el automóvil se detuvo en un viejo parador que se
introducía en el mar.
Bajó Glinys y quizás
otras dos personas. O tal vez eran tres . El auto,la neblina y la
distancia no le permitieron ver mucho mas.
Hortensia optó por
cerrar el capítulo de Glinys.
Ingresamos otra vez
en las urgencias de los dias y la empresa volvió a sus públicas
rutinas.
Glinys
se nos fué opacando. Por alguna razón cada uno de nosotros la
ignoraba o le restaba méritos. Bien porque desde el principio
quizás magnificamos sus cualidades, o porque prevalece en la
especie humana el gusto del menoscabo.
Por
eso , la mañana en que el encargado de la cafetería comenzó a
insinuarnos lo que tenía visos de comentario social, lo miramos
desde nuestros egos de gente superada. Pobre muchacho amargo -
pensé - mientras daba comienzo a su relato.
“Ayer
miércoles , fuimos con mi novia al viejo parador de la playa.
Ha cambiado algo. Desde que le quitaron los antiguos bowindows y
les instalaron los ventanales panorámicos se tiene la sensación
que el mar te va probando sus furias ,pelea por atraparte o te
conduce a sus mansedumbres monótonas.¿ Se dieron cuenta? Allí
estábamos rendidos al oleaje del atardecer, sorbiendo nuestros
capuchinos . Veo muy cerca un hombre en silla de ruedas,
tiernamente acariciando las manos de una anciana sentada a su lado.
Raro ver dos ancianos tan unidos y tan frágiles. Contemplaban los
rituales del mar igual que nosotros. Lasos , dulcificados. De
repente, surgiendo de la magia de la penumbra, alguien me habla:
-
“Tomasito! Me has atrapado in fraganti !! Aquí estoy haciendo de
chaperona de mis Abuelos. Los traemos aquí cada miércoles por
la tarde .¿Verdad que son hermosos? Cumplen una cita que se
prometieron hace mas de 50 años! El se hace vestir su traje lleno de
condecoraciones y se perfuma y se calza su boina tradicional. Desde
que ella perdió el habla viven su propia ósmosis de ternura. El
Amor en el rescoldo coloquial de las manos , como pregonaría un
poeta “