lunes, 6 de diciembre de 2021

Sonríes

Fotografía de Tim Mossholder en Pexels

Sonríes. No hay nadie más que pueda verlo, pero estás sonriendo. Dudo, pero tengo la esperanza de formar parte de esa sonrisa, que tus sueños, de alguna manera me incluyan junto a ti.

El verano pasado está tan lejos. Las luces de los coches en la noche podrían ser estrellas fugaces de no ser por sus colores tan estridentes. Sigo en su recorrido las gotas de lluvia, resbalan por el cristal, se unen unas con otras para tomar velocidad y escapar en su camino hasta el suelo, quizá alcancen el mar.

Ese mar en el que no parabas de salpicarme, cada ola traía un nuevo mensaje en la botella. Te reíste de mí, cuando me devolvió medio ahogado y sin bañador, en un juego en el que las olas eran cómplices tuyas. Yo tosía escupiendo agua, tu rodabas por la arena fingiendo avergonzarte.


Suena un móvil al final del pasillo, alguien habla rompiendo la calma, no siente pudor, comparte a voces su conversación intrascendente. Cierro la puerta, escuchar vuestra respiración me devuelve a la tierra.


La niña, inquieta, se revuelve en su nido. Aún no he decidido a quién se parece. Desde la ventana las luces insisten en llamarme, el árbol de navidad del hospital se balancea con el viento, tu reflejo sereno en el cristal me confirma que sonríes y no me importa con qué sueñas, sé que en tu sueño, está la niña y estoy yo.


 

Fotografía de Dominika Roseclay en Pexels


Pd.: Historia presentada en: El tintero de oro, fuera de concurso.

sábado, 20 de noviembre de 2021

Batallas perdidas

 

Fotografía de Alexander Grigorian en Pexels

Tienen la mirada perdida en un horizonte próximo y a la vez lejano, hostil; por más vueltas que le doy no lo entiendo.

―¿Cómo se puede ser tan insensato o gilipollas? ―dejarse arrastrar, con niños, hasta una frontera desconocida, a pelarse de frío, entre basura y barro.

Enfrente hombres uniformados. Hombres con sus propios miedos, que sueñan con no tener que intervenir. Que sueñan con que esperar sea suficiente y los problemas se solucionen por sí solos.

Las noticias se repiten, vuelven a hablar del tiempo, el anticiclón y la falta de lluvia.


La imagen se ha ido, la pantalla ha quedado a oscuras y mi derrota toma la consistencia de algo sólido, el silencio dura un instante. Acaban de cortar la luz.

Los ladridos, del perro de la vecina, se mezclan con las voces de los funcionarios del juzgado, llaman con la autoridad que dan los papeles, no se molestan en aporrear una puerta que tendrán que forzar si quieren traspasarla.

He terminado con todo, no queda ron, ni vino. Apuro la cerveza caliente, el rincón que forma el sillón con la pared hace las veces de canasta, arrugo la lata y encesto.

El suelo es un campo de batalla, un cementerio donde los muertos son botellas y viejas latas vacías de cerveza; un cementerio que solo cruzaré cuando me saquen a la fuerza.


Fotografía de Camilo Jimenez en Unsplash



sábado, 13 de noviembre de 2021

Exótico


Su risa turbada se ahogó con el cierre de las puertas automáticas, un reguero de gotitas de sangre salpicaba el suelo y me figuré que eran miguitas de pan dejadas para no perder el camino, para regresar a la cordura, para volver a casa.

Los sanitarios que le atendieron en urgencias no daban crédito a lo que veían, el desgarro en su nalga necesitó más de nueve puntos de sutura, mientras sus carcajadas histéricas dejaban perplejos al resto de pacientes que por un momento aparcaron sus propios padecimientos.


El psiquiatra de guardia, habló con él después de que le curasen, cree que de algún modo se autolesionó y quiere saber si en más ocasiones ha sufrido alucinaciones.

Me pregunta y sin levantar la mirada del suelo, mientras el sonrojo por mentir colorea mi rostro, le ha dicho que sí, qué últimamente se muestra un poco extraño y nervioso.


Pero lo cierto es qué, el cocodrilo hace un mes que sale por el retrete, va creciendo…



Y ayer olvidé darle de comer.




Pd.: Texto escrito para El tintero de oro y su propuesta sobre leyendas urbanas.


viernes, 29 de octubre de 2021

Un año de observación

 

Fotografía de Mourya Pranay

Hoy hace un año que llegamos y el lugar parecía prometedor, el viento arrastraba las hojas muertas y la quietud del bosque transmitía calma.

Era una madrugada clara, ―luz de plata ―le gusta decir a Nut.

En momentos así contemplamos la noche y el universo parece detenido.

Hoy hace un año que llegamos y nuestro tiempo en la tierra se ha acabado. No diré que lo siento, la falta de conexión con estos seres supuestamente racionales ha terminado por irritarme. Sus mentes escépticas no aceptan la revelación . Nos tratan con el mismo desdén que al resto de sus semejantes.

Nut ha llegado a preocuparme, se muestra callada y hermética tras cada sesión.

―¿La terapia no sé qué  toca en ella? ―pero borra el brillo de sus ojos y siento como, poco a poco, se marchita.

Paredes desesperadas nos retienen, recluidos y drogados en las instalaciones nos acompaña un grupo de almas en pena, son miradas perdidas, vacías la mayoría, miradas de odio; miradas de desamparo. 

Los encargados de mantener el orden, uniformados con sus batas blancas, son los más extraños. Hipócritas sonrientes esconden su propia angustia tras una máscara.

Está noche, envueltos en luz de plata, dejaremos atrás este planeta desquiciado…  no merece la salvación. Antes que su mala influencia se extienda. Nut me ha pedido que lo destruya.




Pd.: Está historia ha sido escrita y presentada fuera de concurso en El tintero de oro.


lunes, 11 de octubre de 2021

Insolación

Fotografía de Daniel Serva

 Relajado, dejo que el sonido del mar me acune, no me escondo, pero parapetado tras un libro y mis gafas de sol, observo.

Considero que no soy un voyeur, pero me gusta contemplar la variada fauna que puebla la playa, En el espacio informe que queda entre mi toalla y una pareja de mediana edad que se tiende al sol, igual que yo, toman posesión del arenal tres jóvenes.

Conforman la viva imagen de Afrodita, Atenea y Hera, son tres cuerpos brillantes, bien torneados; cuerpos que irradian energía y salud.

El murmullo de su conversación, y su proximidad, consigue que fije de manera discreta pero permanente mi atención en ellas. No parece que hayan venido a bañarse y aún así, una a una, las tres diosas han recorrido el camino hasta la orilla.

Mientras se refrescan, trato de concretar lo que distingue a una de otra en la uniformidad de su belleza, cabellos lisos o ligeramente rizados. Leves diferencias de altura que no hacen más que aumentar la armonía, las distintas tonalidades del dorado de la piel de cada una, imposibles de adjetivar; miel, avellana, bronce, faltan palabras, ninguna hace justicia.

Creo que saben que las miro y parece no importarles. Embelesado escucho, y solo escucho, sus voces me subyugan. La luz del sol me obliga a cerrar los ojos y el mundo queda dibujado con el eco de un tiempo mítico, en el que la belleza lo ocupaba todo.

Al poco encuentro que ninfas desnudas recorren la playa, se acercan curiosas, intercambian sonrisas cómplices. Ya nadie se tiende en la arena, ni juega con las olas. Ovejas impertinentes comienzan a llover del cielo y me llaman con voces lejanas, el libro que hace un momento me servía de resguardo resbala de mis manos y me saca de una existencia que embota mi cabeza.

Ahora, es un socorrista el que me habla y devuelve mi conciencia ardiente a una realidad no deseada.  Puesto a la sombra, con la cabeza envuelta en una toalla fresca y húmeda, cierro los ojos con la esperanza de calmar el dolor de cabeza y regresar a ese mundo de cuerpos felices y pieles tersas, al contrario que la mía, que arde.





sábado, 18 de septiembre de 2021

Día libre

Fotografía de Antonio Poveda Montes en Unsplash

El precio de una vida exuberante estos árboles lo pagan cada año con la bella caída de sus hojas. Tu vida de ostentación, también tiene un precio y ciertamente no hay belleza en las excusas.

Voy a tu encuentro decidido, los nervios del último momento los pierdo al comprobar el arma. Hace un día espléndido muy distinto de esos días grises que pintan las novelas.

Vives en un buen barrio. No te gusta madrugar y a pesar de lo avanzado de la mañana las calles se mantienen desiertas, mejor, así no habrá malos encuentros.

Hago el stop y giro sin prisa en la esquina, debes hallarte en la puerta de tu casa.

Cuatro o cinco personas y la que creo que es tu mujer rodean un coche fúnebre. Detengo la moto y observo. El conductor apoyado en el coche espera el momento de la carga, le pregunto y confirmo que hoy no trabajo, tu corazón ha tenido el buen gusto de pararse solo, ahorrándome la bala.

No está mal tener el día libre.




sábado, 4 de septiembre de 2021

Amazonas

Fotografía de Johannes Plenio en Unsplash

 Los negros zopilotes comieron ya los ojos y aún así consigo verlas o soñarlas, lo que sea qué hagamos los muertos. «Cuerpos en trance agitándose, danzando oscuros ritmos, lucen como trofeos, arco, aljaba; incluso las flechas que tus manos compusieron». 

En la estancia ahora vacía yacen marchitas las rojas lagrimas del castaño a las que confíe tu tranquilidad. 

Me gustaría que supieras que no es la humillación lo que me ocupa, la posición en que me encuentro es grotesca y lo que siento es pena por la promesa rota… por ese hijo que nunca tendremos.




Pd.: Esta historia es con la que participo en: Escribir jugando, del Blog de Lidia, que en el mes de septiembre debe incluir las palabras, arco, flechas y aljaba. con un máximo de 100 palabras y si se quiere alguna referencia al árbol castaño rojo.


https://lidiacastronavas.wordpress.com